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David Couso: "José Couso le pone cara a todas las víctimas anónimas de las guerras"
[ 08-04-2018]

ACTV - News
El sargento Thomas Gibson disparó una granada hueca contra la planta número 15 del establecimiento, matando al cámara ucraniano de la agencia Reuters, Taras Protsyuk. José Couso, cámara de Telecinco, resultó gravemente herido en piernas, mandíbula y abdomen, falleciendo poco después en un hospital de la capital iraquí.

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A primera hora de la mañana del día 8 de abril de 2003 se produjo un intenso intercambio de fuego en Bagdad, muy cerca del puente de Al Jumhuriya, en la zona oeste del río Tigris. Desde el Hotel Palestina, situado al otro lado del río, los periodistas, apostados en los balcones, pudieron grabar todo lo que sucedía. Pasadas más de cinco horas de combate, cuando la situación retornaba a la calma, un tanque del ejército de los Estados Unidos, apostado en el puente, se adelantó unos metros y dirigió su cañón hacia el hotel.

Tras una orden de Philip Wolford, capitán de la unidad de blindados 4-64 Armor, que fue autorizada por el teniente coronel Philip de Camp, el sargento Thomas Gibson disparó una granada hueca contra la planta número 15 del establecimiento, matando al cámara ucraniano de la agencia Reuters, Taras Protsyuk.

José Couso, cámara de Telecinco, resultó gravemente herido en piernas, mandíbula y abdomen, falleciendo poco después en un hospital de la capital iraquí.

Desde un primer momento, el gobierno de España se mostró satisfecho con las explicaciones aportadas por la administración estadounidense. El presidente Aznar calificó lo sucedido como un “gravísimo error” y en sede parlamentaria se negó a condenar la muerte de Couso tras una petición expresa del Partido Socialista, que tildó lo sucedido de “crimen de guerra”.

Durante la campaña electoral que le auparía a la presidencia, el por entonces secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, apeló en repetidas ocasiones al deber de hacer justicia, pero la actitud de los socialistas cambió diametralmente tras su llegada a la Moncloa.

En noviembre de 2010, la organización Wikileaks hizo públicos unos 3.000 cables diplomáticos confidenciales entre Washington y Madrid. En los mismos quedaba constancia de cómo el gobierno de Zapatero presionó a la justicia para que diera carpetazo al asesinato del cámara español.

El por entonces Fiscal General del Estado, Cándido Conde-Pumpido, asesoró al Embajador de Estados Unidos en España, Eduardo Aguirre, para responder adecuadamente a la comisión rogatoria presentada por el juez Santiago Pedraz contra los tres soldados responsables del crimen. El Embajador contó también con la estrecha colaboración de María Teresa Fernández de la Vega, por entonces Vicepresidenta del Gobierno, y de los Ministros de Justicia y Asuntos Exteriores, Juan Fernando López Aguilar y Miguel Ángel Moratinos.

En un telegrama fechado el 1 de de junio de 2007, dirigido a Condoleezza Rice, Secretaria de Estado de los Estados Unidos, Aguirre aseguraba que el Gobierno de España había “ayudado entre bastidores a que la fiscalía apelara” las decisiones del Juez Pedraz. Además, resaltaba que aunque en público el gobierno español mostraba “respeto por la independencia del sistema judicial español” y por “la trágica muerte” de Couso, “entre bastidores”, peleaban “con uñas y dientes para hacer desaparecer los cargos”.

En otra comunicación del 26 de enero, el Embajador relataba sus impresiones tras un encuentro con Conde-Pumpido: “Aunque no hay nada que el Gobierno español pueda hacer para controlar las acciones de los jueces, los fiscales de la Audiencia Nacional continuarán oponiéndose a las órdenes de detención de los tres militares, así como los intentos de embargar bienes norteamericanos conectados con el proceso”. Aguirre aseguraba tener la “sensación” de que el Gobierno “buscaría una vía para acabar el caso de forma silenciosa apelando a argumentos técnicos mientras confiaban en evitar cualquier enfrentamiento directo con la familia Couso”.

El proceso judicial fue dilatándose en el tiempo, ante la falta de colaboración del gobierno norteamericano y el sabotaje de las autoridades españolas, hasta que en marzo de 2014 las esperanzas de la familia Couso parecían diluirse tras la aprobación de la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial relativa a la jurisdicción universal. La nueva legislación limita a los magistrados abrir diligencias en materia de crímenes internacionales solo cuando el acusado sea español o resida en España y únicamente en lo referente a crímenes de terrorismo o de torturas. La reforma provocó que en junio de 2015, el juez Santiago Pedraz se viera obligado a archivar la causa lamentando que “el flexo no pueda mantenerse encendido”.

Lejos de cejar en su empeño, en enero de 2016, la familia Couso presentó un recurso de casación ante el Tribunal Supremo, que fue rechazado para finalmente ser admitido a trámite por el Tribunal Constitucional, que aún está pendiente de pronunciarse.

15 años después de un asesinato que continúa impune, charlamos con David Couso, hermano de José y activista por los derechos humanos y contra la impunidad: "No pararemos hasta ganar".

¿En qué situación judicial se encuentra el caso de José Couso?

Estamos esperando a que se pronuncie el Tribunal Constitucional sobre un recuso de amparo que interpusimos a propósito de la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial que llevó a cabo el PP en 2014. Recurrimos primero al Tribunal Supremo, que decidió archivarlo, pero el Constitucional lo ha admitido a trámite al apreciar claros indicios de inconstitucionalidad.

¿Algun día veremos en el banquillo de los acusados a los responsables del asesinato de tu hermano?

Sabemos que Estados Unidos no extradita a sus nacionales pero quién se iba a imaginar que después de más de 30 años, las Madres de Plaza de Mayo verían ante un tribunal a los torturadores y asesinos de sus desaparecidos. Sabemos que es complicado pero si no luchamos ya hemos perdido.

Anteriormente, la jurisdicción universal amparó el caso Guatemala o el caso Pinochet, ¿por qué no sentar algún día a militares estadounidenses en el banquillo?

Durante estos 15 años, ¿habéis recibido una disculpa del gobierno estadounidense?

Jamás se han puesto en contacto con la familia Couso. Esa opción la descartan porque estarían asumiendo su culpa. En las primeras 48 horas nos dieron dos versiones; primero dijeron que habían recibido disparos desde la azotea del Hotel Palestina y luego que provenían del hall. Pasados seis meses dijeron que habían visto oteadores del ejército iraquí en la zona y la última versión es que actuaron en defensa propia por temor a que sus tropas fuesen atacadas.

¿Por qué dispararon deliberadamente contra un hotel donde sabían que se alojaba la prensa?

Siempre hemos calificado lo sucedido como una acción coordinada para amedrentar a la prensa que escapaba de su control. Entre 200 y 300 periodistas llegan a Iraq para cubrir la invasión. Disparan porque no quieren testigos incómodos.

De hecho, esa mañana no solo atacan el Hotel Palestina; bombardean la sede de Al Jazeera, que estaba emitiendo en directo, a pesar de que previamente habían enviado las coordenadas de su sede al Pentágono; ametrallan la sede de Abu Dhabi TV, otro de los medios que emitía en directo, y finalmente disparan contra el Hotel Palestina, donde también había una cámara emitiendo en directo. O sea, hay un ataque coordinado contra las tres señales que estaban emitiendo en directo desde Bagdad.

¿Mantenéis contacto con la familia de Taras Protsyuk, el cámara ucraniano?

Hemos tenido contacto con ellos pero su caso es totalmente diferente. El Gobierno de Ucrania condenó el ataque y su asesinato, recibió el féretro con honores y exigieron explicaciones a los Estados Unidos. Al contrario que nosotros, ellos tuvieron el respaldo de su Gobierno. A día de hoy no tenemos contacto con ellos pero seguimos mencionando a Taras porque no hacemos una lucha partidista de José, eso sería excluir una parte de la historia.

¿Cómo ha sido el trato que os han dispensado los diferentes Gobiernos a lo largo de estos años?

Para resumirlo en pocas palabras: miseria y traición. Miseria por el trato chulesco con acento tejano de ese señor de la guerra llamado Aznar. Solo meras lamentaciones, evitando en todo momento la condena del asesinato. Por cierto, me recuerda a la estrategia que utilizaron para ilegalizar un partido político.

Y con el PSOE, traición, porque nos recibió, nos acompañó a las manifestaciones y con la revelación de los cables de Wikileaks se demostró que nos estaban dando puñaladas traperas.

Los cables de Wikileaks revelaron que el Gobierno de Zapatero presionó para que la justicia archivara la causa y con tal propósito mantuvieron contactos con la Embajada de los Estados Unidos en Madrid.

Teníamos amigos dentro del Ministerio que nos avisaban de que algo raro estaba sucediendo. En un principio parecíamos unos conspiranoicos pero es que estaban pasando cosas muy extrañas; un juez emitía una orden de búsqueda y captura contra los militares estadounidenses y siete días después el Fiscal de la Audiencia Nacional solicitaba el archivo de la causa. Fuimos comprobando todos los cables y descubrimos que a los pocos días de que el Gobierno se reuniese con nosotros para ofrecernos su colaboración, se producían todo tipo de movimientos para tumbar la causa.

Fue muy duro sentir que en un principio estábamos respaldados por nuestro Gobierno, independientemente de que tengas afinidad o no con ellos, para de repente darte cuenta de que nos estaban traicionando. Aquello fue como si hubiesen desenterrado el cadáver de José para volverle a disparar.

¿Habéis recibido algún tipo de compensación?

Nunca. Lo único que hizo el Gobierno del PSOE fue la imposición a titulo póstumo de la Medalla al Mérito en el Trabajo, pero para que no pareciera que solo se lo daban a José metieron a otros periodistas. Recuerdo como la familia de Miguel Gil, periodista que fue asesinado en Sierra Leona, se negó a recibir el premio alegando que su caso no tenía nada que ver con el de José Couso.

¿Y el trato con los jueces?

El caso de mi hermano cayó en diferentes magistrados de la Audiencia Nacional hasta que llegó al juez Santiago Pedraz, que se dedicó a desarrollar su trabajo como deberían hacer todos. No es un juez estrella ni un pijo ácrata, como le llegaron a calificar desde sectores reaccionarios del gobierno del PP. Es un juez que hace su trabajo.

Se desplazó a Iraq para hacer una reconstrucción de los hechos, que es algo que se hace en todos los casos de asesinato, y qué casualidad que justó aquel día, había un general de cuatro estrellas de ejército iraquí y dos helicópteros de los Estados Unidos intentando dificultar su labor. Hubo un forcejeo entre los GEO (Grupo Especial de Operaciones de la Policía Nacional) que viajaron para proteger a la comitiva española y los militares iraquíes. En un momento determinado el juez Pedraz empujó al general iraquí y se plantó en medio del puente desde el que había disparado el tanque estadounidense. Sacó su cámara y grabó el Hotel Palestina. Ese fue uno de los mejores momentos que este juez nos ha dado a la familia Couso.

Su gesto sirvió para que dos peritos de óptica y física de la Universidad Complutense de Madrid pudieran certificar que el carro de combate veía perfectamente el hotel y la habitación donde se alojaba mi hermano.

¿Intentó el Gobierno que ese viaje no se realizase?

Recibimos todo tipo de presiones para que los abogados de los testigos, el juez y la secretaria judicial no viajasen a Iraq. Decían que no podían garantizar su seguridad e incluso que las particularidades climatológicas propias de ese país condicionaban la grabación de las imágenes. Y yo me preguntaba; ¿cómo hacen en Londres para investigar los asesinatos?

Recibimos presiones tanto del Ministerio de Asuntos Exteriores, que decían que no iban a enviar a los GEO, como amenazas veladas para que ese viaje no se llevase a término.

Aznar es el único miembro del llamado trío de las Azores que no se ha disculpado por su participación en la invasión de Iraq. ¿Os serviría de algo que lo hiciese?

No las queremos. Despreciamos las disculpas de ese señor de la guerra, al que en su día calificamos como terrorista internacional. Recuerdo ese momento, aquel 9 de abril, cuando profesionales de la información sacaron en el Congreso una foto de Julio Anguita Parrado y de mi hermano. Recuerdo la actitud chulesca de Aznar, que ni siquiera se dignó a levantarse de su escaño en señal de respeto. ¡Qué bajeza moral! No, no queremos sus disculpas.

¿Nunca se ha dirigido a vosotros de forma privada?

Nunca. Durante las primeras 48 horas recibimos llamadas de Federico Trillo, el Ministro de Defensa, el ministrillo como yo le llamo, para decirnos que iban a montar un operativo especial para repatriar el cuerpo de mi hermano, y al final fueron los compañeros de José los que tuvieron que cruzar Bagdad, jugándose la vida, para comprobar que el cadáver seguía estando en la morgue. Ese fue el único contacto que tuvimos con el Gobierno.

Nos concentramos durante 54 semanas frente a la sede del PP en Madrid y jamás se dignaron a bajar para hablar con nosotros. Para que veas la bajeza moral y la bajeza política de aquella gente.

¿Tu hermano estaba cubriendo la invasión de Iraq en una situación de precariedad laboral?

Desgraciadamente en el mundo del periodismo las relaciones laborales son bastante denigrantes. La relación laboral que tenía mi hermano con Telecinco era a través de su productora. Él tuvo que crear una empresa y ejercer una relación de empresario a empresario. Era un autónomo que vendía su trabajo. Así funcionan los medios de comunicación, hay muy pocos trabajadores fijos. Ese es el presente y el futuro del periodismo

Han pasado 15 años. ¿Cómo habéis conseguido mantener las movilizaciones tanto tiempo después?

Haciendo partícipe a la gente para que la sientan como propia porque esta no es una lucha partidista por y para José Couso. Es una lucha en defensa de la libertad de información, de la libertad de expresión y de la justicia, que nos la están robando a todos. Hay que contar la invasión ilegal de Iraq, basada en mentiras, sus consecuencias y cómo se controla la información para vendernos quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Hablar de José es hablar de todo eso. José le pone cara a todas las víctimas anónimas de las guerras y una sonrisa a esta lucha. Las movilizaciones siguen porque hay una familia que no va a cejar en su empeño. No pararemos hasta ganar y sabemos que vamos a ganar. Si luchas puedes perder, si no luchas estás perdido.


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